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10 de septiembre: P. Pietro Magliozzi celebra sus 25 años de vida religiosa camiliana

Ofrezco las homilías en castellano y en italiano en la misa de 25 años de vida religiosa camiliana: 6 de septiembre 1992 – villa Sacra Familia – Roma

septiembre 2017 – parroquia San Camilo – San Bernardo

Homilia 25 años de profesión religiosa

San Bernardo, Parroquia San Camilo, 10 de septiembre de 2017

Dos veces escuché la vocación de Dios que me llamaba: la primera vez a ser misionero y la segunda a ser religioso. Hoy estoy celebrando estas dos vocaciones: 25 años de vocación religiosa camiliana, la mitad pasada en Italia y la otra mitad como misionero en Chile. Dios realiza siempre lo que quiere, Dios cumple sus promesas como quiere y con quien quiere.

Y esto es un milagro, porque yo no pensaba y no merecía para nada una vocación tan grande. Pedrito niño era tímido, aislado, aburrido de la vida, no le bastaba nada para darle un sentido: ni la gimnasia, ni la música, ni un trabajo, ni un título, ni un lugar de vida, una cultura, una familia. Buscaba algo más sin saber qué estaba buscando. En su vida todo era seguro, perfecto, sin necesidades, pero su vida era estática, banal, una cárcel estrecha en la cual estaba incómodo. Fue por esto que Pedrito inició a pedir cosas a Dios: a los 10 años (con la primera Comunión) le pedí: “oh Dio, haz de mi vida algo hermoso y dame el honor de ayudarte a salvar el mundo” y 4 años después llega la vocación misionera, luego a los 23 años llega la vocación religiosa. A los 28 años le pido a Dios una segunda cosa: darme sabiduría y luego le pido darme la capacidad de sanar, y 10 años después entro en teoría y práctica en el tema de la sanación interior.  A los 44 años se realiza la vocación misionera recibida 30 años antes y parto para el Chile. Hoy a los 55 años qué le puedo pedir a Dios: hacerme una semilla que muera para producir fruto.

12,5 años de vocación religiosa camiliana en Italia donde viví la belleza de leer y estudiar. Después de los 18 años de universidad nunca he parado de estudiar, lo siento como necesidad. Pero así me he vuelto teórico y viviendo mucho en mi mente. Siempre he vivido corriendo, como un activista, haciendo servicios a todos, sin  límites, viajando por los tres continentes, acumulando tantas experiencias y tareas, todas pequeñas. En Italia no sabía todavía quién era y qué quería.

12,5 años de Chile. ¡Cuánto lo agradezco Chile que me ha enseñado y dado tanto! Me ha enseñado a ver que no existe sólo la racionalidad, sino también la afectividad, he aprendido a llorar, a abrazar, a santificarme en comunidad. Me ha enseñado a enseñar a los adultos y a los laicos no creyentes, a trabajar con mujeres; a escribir 11 libros a pensarlos, a venderlos o regalarlos a millares; a responder pastoralmente a una emergencia, el terremoto del 2010; a ser práctico y encarnado en el mundo, acompañando a tantas personas con dramas reales, ayudando materialmente a tantos pobres. Me ha enseñado, finalmente, a tomar conciencia de mis límites y darme cuenta de quién soy de verdad, a pensar al por qué hago tanto, a decelerar, hacer pausas, transformar todo en mística.

Y no basta, Chile me ha dado tantos regalos rarísimos y preciosos: dos vocaciones camilianas, Pablo y Basil; dos consagradas laicas: Montserrat e Ingrid; dos responsabilidades nacionales (la pastoral de la salud en Conferencia Episcopal y en la Radio María); el privilegio de poder ayudar a pobres (con 81.000 Euros) y a hacer pastoral de la cultura difundiendo libros (con 27.000 Euros) gracias a la ayuda de benefactores italianos a los cuales va todo el mérito de esta pastoral.

Siento conmovido el orgullo de estos 25 años, orgullo en el modo en que hablaba San Pablo: como sentir que con el propio apostolado se está dando gloria a Dios y que todo es sólo fruto de la Gracia y nada es mérito mío. Yo soy un Pietro pobre, herido, frágil, pecador que sólo acumula derrotas, pero también, gracias a Dios, soy un Pietro buscador de la verdad, y esta es la vocación que Dios me ha dado, transversal a todas las demás. Quiero nombrarlas, mis vocaciones, cada una representando una búsqueda existencial que me esforcé de realizar con honestidad:

Religioso camiliano: busco ser signo profético de un Cristo Buen Samaritano, para una evangelización que sana.

Sacerdote católico: busco encarnar el Cristo que lucha y libera del mal.

Cristiano bautizado: busco vivir el Apocalipsis en un mundo babélico y posmoderno.

Profesor universitario: busco promover una cultura que humaniza a personas.

Superior de comunidad y en pasado ecónomo: busco servir mi comunidad.

Capellán de hospital: busco aprender a escuchar y saber amar a los enfermos con gestos y palabras.

Neocatecumenal: busco sentirme Iglesia joven en conversión continua y en crecimiento.

Animador del voluntariado y de la Familia Camiliana Laica: busco ser como Cristo médico que enseña salud integral y acompaña a quien sufre.

 –Hijo y hermano: busco practicar la humildad y la pasividad de recibir.

Escritor de libros y artículos y hablar a la Radio: busco dejar algo útil al futuro.

Director espiritual y médico: busco descubrir la causa integral y profunda de lo que enferma a cada uno.

Promotor del carisma y vocacional: busco mostrar la tremenda actualidad y urgencia del carisma de la misericordia de San Camilo.

Todo esto en 25 años ha llegado a números grandes: millares de visitas a los enfermos, de Misas y sacramentos celebrados, millones dado a los pobres, Km viajados por la pastoral, horas en la Radio, 10 cursos universitarios preparados y dados, con 1000  estudiantes formados y examinados. Sacando la cuenta de esta vida desenfrenada, ¿Qué me queda en las manos? “pajas” decía Santo Tomás de Aquino. Igualmente estoy envejeciendo y enfermándome como todos, vivo tentaciones y crisis como todos, sufro el secularismo y pertenecer a una Iglesia atacada y desvalorizada socialmente. ¿He sanado? poco. ¿He convertido? ni yo estoy convertido y me quedo un pobre pecador. ¿He creado más sabiduría a mi alrededor? no lo sé. ¿Hice avanzar la cultura de la vida y de la salud? no, sigue creciendo una cultura de la muerte y de la enfermedad. Y si  debería poner todas mis derrotas en fila tengo 16 proyectos chilenos que no han partido o que se han parado a la mitad, y tengo 5 fracasos personales de querer cambiar algo en mí y no lo logré.

Por esto ahora pueden entender las palabras raras de la tarjeta de los 25 años de profesión. De mi parte está impotencia, fracasos y errores, PERO transformados por Dios, por su Omnipotencia de amor, por su Providencia, como una semilla que se vuelve árbol, algo ahora invisible que se volverá después un reino de Dios visible y victorioso.

Concluyendo, Dios ha sido muy bueno conmigo: 1) porque me ha dado una comunidad que me ha salvado (sin P. Eloy que me ha retado continuamente, sin P. Pablo que me ha ayudado tantas veces, sin Basil que me ha escuchado con tanta paciencia, me habría perdido en el egocentrismo y otras enfermedades del alma; 2) porque Dios me hizo descubrir tantas verdades espirituales que han sido la luz y la felicidad de mi vida; y 3) porque me ha dado una misión en Chile que me ha permitido realizar todo lo que había deseado en la vida y ha sanado mi baja autoestima. Ahora todo el HACER está cumplido, falta todavía el SER. ¿Repartiría desde cero? Sí, pero menos acelerado y con menos expectativas de éxito en vocaciones, voluntariado, conversiones y sanaciones. Lo esencial y la síntesis de esta vida mía ahora entiendo que es la CRUZ ROJA, sufrir con amor, ésta es la verdadera victoria y la salvación para un camiliano.

Agradezco

-Dios trinitario, la Virgen María, San Camilo, Nicola D’Onofrio, los Santos médicos.

-Quien ha creído en mí: mi familia natural y religiosa en Chile e Italia, P. Nicola Cerisio, salesiano y mis confesores; a varios laicos y laicas de Italia de Chile que oran por mí y me han siempre mostrado su cercanía (son 80+80). De los difuntos sólo quiero recordar P. Giovanni Aquaro y Osman Manzo.

-Quien me está acompañando en esta celebración con su presencia o desde casa con su oración, en particular a los cohermanos Eloy, Pablo y Basil, a los padres que están concelebrando esta Misa, a las religiosas y religiosos presentes, las consagradas laicas.

-La diócesis de San Bernardo que nos acogió en este barrio, los Obispos que me han permitido viajar a sus diócesis y sembrar un mensaje de misericordia.

-Gracias a todos los benefactores materiales y espirituales de Pescara, Bucchianico, Latina, Gaeta y Roma, y a aquellos espirituales. Sobre todo, gracias a la Provincia Romana de los Camilianos que ha fundado esta misión y la mantiene en vida desde hacia 12 años.

-Gracias a la vida que ha sido bella y será aún más bella en los caminos misteriosos de la Providencia divina, confiando y amando. Amén.

 

San Bernardo, Parrocchia San Camillo, 10 settembre 2017

Due volte nella mia vita ho sentito la vocazione di Dio che mi chiamava: la prima volta ad essere missionario e la seconda ad essere religioso. Oggi sto celebrando queste due vocazioni: 25 anni di vocazione religiosa camilliana, la metà passata in Italia e l’altra metà come missionario in Cile. Dio realizza sempre ciò che vuole, Dio compie le sue promesse con chi vuole.

E questo è un miracolo, perché io non pensavo né meritavo per niente una vocazione così grande. Piero bambino era timido, isolato, annoiato della vita, non gli bastava niente per dargli un senso: né la ginnastica, né la musica, né un lavoro, né un titolo, un luogo di vita, una cultura, una famiglia. Cercava qualcosa di più senza sapere che cosa. Nella sua vita tutto era sicuro, perfetto, senza bisogni, pero era una vita statica, banale, un carcere stretto in cui stava scomodo. Fu per questo che Piero iniziò a chiedere cose a Dio: ai 10 anni (con la prima Comunione) “Fa della mia vita qualcosa di bello per aiutarti, oh Dio, a salvare il mondo” e a 14 anni arriva la vocazione missionaria. Poi a 23 anni arriva la vocazione religiosa e a 28 anni chiedo a Dio di darmi saggezza. A 30 anni chiedo di darmi la capacità di guarire e a 40 anni arriva il tema della guarigione interiore.  A 44 anni si realizza la vocazione missionaria ricevuta 30 anni prima e parto per il Cile e oggi a 55 anni gli chiedo di farmi un seme che muore per produrre frutto.

12,5 anni di vocazione religiosa camilliana in Italia dove ho vissuto la bellezza di leggere e studiare. Dopo i 18 anni di università non ho smesso più di studiare, ne sento il bisogno. Pero così sono diventato teorico e vivendo molto nella mente e correndo, come un attivista, facendo servizi a tutti, senza limiti, viaggiando per i tre continenti, accumulando tante esperienze e impegni, tutti piccoli. Non sapevo ancora chi ero e che volevo.

12,5 anni di Cile. Quanto ringrazio il Cile che mi ha insegnao e dato tanto! Mi ha insegnato a vedere che esiste non solo la razionalità, ma anche la affettività, ho imparato a piangere, ad abbracciare, a santificarmi in comunità. Mi ha insegnato a insegnare ad adulti e a laici non credenti, a lavorare con donne; a scrivere 11 libri a pensarli, a venderli o regalarli a migliaia; a rispondere pastoralmente a un’emergenza, il terremoto del 2010; ad essere pratico e incarnato nel mondo, accompagnando tante persone con drammi, aiutando materialmente tanti poveri. Mi ha insegnato, infine, a prendere coscienza dei miei limiti e di chi sono, a pensare al perché faccio tanto, a rallentare, fare pause, trasformare tutto in mistica.

E non basta, Cile mi ha dato tanti regali rarissimi e preziosi: due vocazioni camilliane, Pablo e Basil, due consacrate laiche: Montserrat e Ingrid, due responabilità nazionali (la pastorale della salute in Conferenza Episcopale e nella Radio Maria), il privilegio di poter aiutare a poveri (con 81.000 Euros) e a fare pastorale della cultura diffondendo libri (con 27.000 Euros) grazie all’aiuto dei benefattori italiani ai quali va tutto il merito di ciò.

Sento commosso l’orgoglio di questi 25 anni nel modo in cui parla di orgoglio San Paolo: come sentire che si sta dando gloria a Dio e che tutto è solo frutto della Grazia e niente è merito mio, un Pietro povero, ferito, fragile, peccatore che solo accumula sconfitte, però anche, grazie a Dio, un Pietro cercatore della verità, e questa è la vocazione che Dio mi ha dato, trasversale a tutte le altre. Voglio elencarle, le mie vocazioni, ognuna rappresentando una ricerca esistenziale:

Religioso camilliano: cerco di essere segno profetico di un Cristo Buon Samaritano, per una evangelizzazione che guarisce.

Sacerdote cattolico: cerco di incarnare il Cristo che lotta e libera dal male.

Cristiano battezzato: cerco di vivere l’Apocalissi in un mondo babelico e postomoderno.

Professore universitario: cerco di promuovere una cultura che umanizza persone.

Superiore di comunità e in passato economo: cerco di servire la mia comunità.

Cappellano d’ospedale: cerco di imparare ad ascoltare e saper amare i malati con gesti e parole.

Neocatecumenale: cerco sentirmi Chiesa giovane in conversione continua e in crescita.

Animatore del volontariato e Famiglia Camilliana Laica: cerco di essere come Cristo medico che insegna salute integrale e accompagna a chi soffre.

 –Figlio e fratello: cerco di praticare l’umiltà e la passività.

Scrittore di libri e articoli, parlare alla Radio: cerco di lasciare qualcosa di utile al futuro.

Direttore spirituale e medico: cerco di scoprire la causa integrale e profonda di ciò che ammala ciascuno.

Promotore del carisma e vocazionale: cerco mostrare la tremenda attualitá e urgenza del carisma della misericordia di San Camillo.

Tutto questo in 25 anni ha raggiunto numeri grossi: migliaia di visite ai malati, di Messe e sacramenti celebrati, milioni dati a poveri, Km viaggiati per la pastorale, ore di trasmissioni nella radio, 10 corsi universitari preparati e dati, con 1000 studenti formati ed esaminati. Facendo i conti di questa vita sfrenata, che mi resta? “paglia” diceva San Tommaso D’Aquino. Ugualmente sto invecchiando e ammalandomi come tutti, vivo tentazioni e crisi, soffro il secolarismo e appartenere ad una Chiesa attaccata e svalorizzata socialmente. Ho guarito? poco. Ho convertito? neanche io sono convertito e rimango un povero peccatore. Ho creato più saggezza intorno a me? non lo so. Ho fatto avanzare la cultura della vita e della salute? no, segue crescendo una cultura della morte e della malattia. E se dovessi porre tutte le sconfitte in fila ho 16 progetti cileni che non sono partiti o si sono fermati a metà, ed ho 5 fallimenti personali di voler cambiare qualcosa di me in cui non sono riuscito.

Per questo adesso possono intendere le parole del bigliettino dei 25 anni di professione. Da parte mia c’è impotenza, fallimenti ed errori, PERO’ trasformati da Dio, dalla sua Onnipotenza d’amore, dalla sua Provvidenza in qualcosa di forte spiritualmente, come un seme in un albero, qualcosa adesso invisibile che diventerà poi un regno di Dio visibile e vittorioso.

Concludendo, Dio è stato molto buono con me: 1) mi ha dato una comunità che mi ha salvato (senza P. Eligio che mi ha rimproverato continuamente, senza P. Pablo che mi ha aiutato tante volte, senza Basil che mi ha ascoltato con tanta pazienza, mi sarei perso nell’egocentrismo e altre malattie dell’anima; 2) Dio mi ha fatto scoprire tante verità spirituali che sono state la luce e la felicità della mia vita; 3) mi ha dato una missione in Cile che mi ha permesso di fare e realizzare tutto quello che avevo desiderato nella vita, ha guarito la mia bassa autostima. Adesso tutto il FARE è compiuto, manca ancora l’ESSERE. Ricomincerei tutto da capo? Sì, però meno accellerato e con meno aspettative di successo in vocazioni, volontariato, conversioni e guarigioni. L’essenziale e la sintesi di questa mia vita è la CROCE ROSSA, soffrire con amore, questa è la vera vittoria, è la salvezza.

Ringrazio

-Dio trinitario, la Vergine Maria, San Camillo, Nicola D’Onofrio, i Santi medici, P. Giovanni Aquaro.

-Chi ha creduto e crede in me: la mia famiglia naturale e religiosa in Cile e Italia, Don Nicola Cerisio, salesiano, e i miei confessori, a vari laici e laiche d’Italia e del Cile che pregano per me e mi sono sempre stati vicini (sono 80+80).

-Chi mi sta accompagnando in questa celebrazione con la sua presenza o la sua orazione, in particolare i confratelli Eligio, Pablo e Basil, i padri che stanno concelebrando questa Messa, le religiose e religiosi presenti e le consacrate laiche.

-La diocesi di San Bernardo, i Vescovi che mi hanno permesso viaggiare alle loro diocesi e seminare un messaggio di misericordia.

-Grazie a tutti i benefattori materiali e spirituali di Pescara, Bucchianico, Latina, Gaeta e Roma, e a quelli spirituali. Soprattutto grazie alla Provincia Romana dei Camilliani che ha fondato questa missione e la mantiene in vita da 12 anni.

-Grazie alla vita che è stata belle e sarà ancora più bella nei cammini misteriosi della Providenza divina, confidando e amando. Amén.